Elige ser excelente

 

El camino a la excelencia no tiene límites de velocidad.

David Jonhson

De los atributos del hombre a que se refiere la Ética[1][2][2] que son libertad, voluntad e inteligencia, la libertad se considera como el centro de la vida humana; al usarla adecuadamente equivale a perfeccionar la calidad del planeta. La libertad deberá ser entendida como la capacidad de elegir y esta consideración nos lleva a afirmar la condición de libertad que el hombre tiene. Si esta capacidad de elección va dirigida hacia la excelencia, deberás entender claramente cuáles son las condiciones que la rigen.

Un ser humano excelente es aquel que influye en los demás y que transforma buscando siempre el bien para él y para los que le rodean, es decir; al tomar decisiones las realiza ecológicamente. Excelencia es saber amar y saber ser amado y ver siempre las cualidades de las personas, buscando constantemente su bien. Excelencia es saber servir con gusto y apoyar a los otros, pues se sabe que entre todos siempre se puede encontrar una forma mejor de hacer las cosas.

Excelencia es privilegio de los seres humanos que están en desarrollo constante, de acuerdo a los preceptos divinos. Excelencia es saber comunicar paz a los demás, aprovechar puntos de oportunidad y enfrentar dificultades, pero no hacer por otros lo que estos pueden hacer por sí mismos. Excelencia es saber proteger sin asfixiar, saber guiar sin imponer, saber motivar a los que están a nuestro cargo para que se enamoren de la verdad y sean sabios, se enamoren de la belleza y sean artistas, se enamoren de Dios y sean santos, se enamoren de su patria o de un sueño y sean héroes. Excelencia es saber vivir las virtudes y contagiar con el estilo propio de vida de esa felicidad que comunican la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza y el entusiasmo.

Excelencia es tratar a las personas con mayor delicadeza y finura, así verán los míos que el rango y dignidad de todas las personas es muy alto. Excelencia es saber decir sí a la vida, porque camino confiado de la mano de Dios. Excelencia, entonces es saber que para ayudar a formar hombres y mujeres de gran talla, hay que empezar por uno mismo; hombres y mujeres que sean capaces de construir sociedades mejores, sistemas más justos y sobretodo, que den gloria a Dios.

El hombre que vive con excelencia posee, entre otras cosas, las siguientes características:  

·          Intuitivo y alegre

·          Tiene claro su propósito

·          Es original

·          Es responsable

·          Se demuestra libre

·          Construye a otros

·          Soporta el rechazo

·          Aguanta la frustración

·          Da sentido a la vida

·          Es equilibrado en su pasión

·          Promueve los valores

El hombre excelente sabe reír  y reír con abundancia y frecuencia. Disfruta gozosamente de la abundancia de los valores que encarna y promueve. Disfruta de las cosas bellas que abundan en esta tierra. Por ser intuitivo, sabe relacionar grandes realidades y tiene una visión amplia y adelantada con respecto al futuro; en la misma medida es inventor y creativo. Sobre todo, promueve el surgimiento de grandes hombres, de nuevos valores, de cambios históricos… (González, 1999).

El que no tiene excelencia vive en la mediocridad. ¿Por qué no la tienes? Alguna vez la tuviste pero algo pasó en tu vida. Interpreta tu sistema de creencias y descubrirás el engranaje que de alguna manera te aleja de la excelencia, y redefine tu vida.  

 

Salta de tu cajita de confort

 

Resistirse al cambio es tan inútil

como oponerse a que salga el sol.

Juan Antonio Razo

En el libro Te quiero, te Odio de Vallés hace un análisis del riesgo de enfrentarse y dice que si no hay retos en la vida, caemos en la mediocridad. La gran tentación del menor esfuerzo. Déjalo estar. No te muevas. Haz lo que hagan todos. No te metas en líos. Así es como mucha gente vive, por necesidad social o por voluntad propia, y los que así lo quieren tienen pleno derecho a hacerlo sin que los moleste nadie. Pero siempre se paga un precio por el conformismo y la pereza, y es el de rebajar el nivel existencial de la vida. Cuanto más me repliego sobre mí mismo, menos persona soy. Para que la personalidad florezca, necesita aire libre, la lluvia y el viento; necesita el encuentro directo con otras personas para realizar su propio ser. Nadie se hizo grande en soledad.

Cuando fuiste un niño, no percibías los problemas o simplemente no los tenías. Pero lo común de la infancia es que todo niño corre riesgos y los padres se encargan de ponerles límites constantemente, y acaban encerrándolos en un corral que los limita de su desarrollo natural, tanto físico, como mental. ¿De qué tamaño es tu corral? La casa donde vives, tu trabajo, tu familia. Ese es tu corral. Te voy a demostrar. Cada mañana, bajas de la cama como un ritual, entras al baño y con frecuencia haces lo mismo. La mayoría de tus actividades, las haces de cierta manera por comodidad. Analiza tus logros, sucedieron porque hiciste algo diferente. Tus problemas los tienes porque no estás dispuesto a pagar un precio, porque quizá te da miedo perder la comodidad.

Si sigues haciéndolo como hasta el día de hoy, nunca vas a tener lo que andas buscando, por buscar la comodidad te estás perdiendo la oportunidad de entrar en el proceso ser, hacer y tener.

Esto que te limita quizá fue adquirido desde la niñez. Un niño es como una página en blanco. ¿A quienes les dijeron que los niños no lloran? ¿Quién de las mujeres considera que los hombres son superiores? Una persona sin creencias, es una persona sin inhibiciones, da al cien por ciento. Tu creencia, es tu punto de vista. Esas creencias son las que te han limitado. Son bloqueos que te han quedado en tu mente y te limitan. Lo que te limita te mantiene dentro de tu caja de confort y obtienes resultados ordinarios. Hay que romper esas creencias. Mientras más alta es la creencia, más es el precio que se paga. ¿Cuál es el precio que estas dispuesto a pagar? Los que pagaron un precio ya están disfrutando los éxitos, porque se transformaron en personas extraordinarias.

 ¿Qué precio estás dispuesto a pagar? 

 

Todo el mundo desea el éxito,

Pero nadie quiere pagar el precio.

Juvenal

¿Quieres el éxito? Si tu respuesta es afirmativa, entonces debes saber que todo en la vida tiene un precio. Si las cosas valiosas fueran fáciles de obtener, cualquiera las tendría. Para romper las creencias que te limitan en tu desarrollo y que evitan que puedas manifestar tu magnificencia, necesitas pagar el precio que pagan los seres humanos que no se quedan inmóviles dentro de su cajita de confort.

Un estudio hecho en Alemania por el Alexander Hamilton Institute a través de más de 500,000 estudiantes, entre los cuales se encuentran más de 150,000 ejecutivos, se llegó a la conclusión de que el éxito o fracaso de una persona no depende de su capacidad ni de su inteligencia, sino simple y sencillamente de que unas personas quieren pagar el precio de su éxito y otras no.

Este precio es: Hacer uso de tu máxima energía, para forzarte a llegar al lugar que deseas alcanzar en tu vida. Tener la determinación de seguir el plan que diseñaste, no solamente si las circunstancias son favorables, sino a pesar de todos los obstáculos que se te presenten. Finalmente, no admitir ningún suceso, que pueda torcer, cambiar o modificar la realización del propósito que  tienes para con tu vida.

El pagar este precio no es fácil. Por eso es que unos quieren hacerlo y otros no. Sin embargo, todo ser humano está en completa libertad de decidir si quiere o no quiere pagar el precio de su éxito en la vida. Las personas que triunfan en la vida tienen que pagar los precios necesarios para conseguir sus metas, sacrificando el descanso e inclusive el tiempo que le dedican a la familia. Si se está consciente de esto, aunque sea poco el tiempo que se pase con la familia, se procurará sea de gran calidad.

El logro de tus objetivos, requiere del mayor esfuerzo, superando problemas personales, familiares y sociales; y tener siempre en la mente que deberás llenarte de optimismo y dejar a un lado los pretextos que sólo caben en las personas que no tienen responsabilidad.

 

 
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