Estrategias de desarrollo ético espiritual  

Imita a JESÚS, “El varón perfecto

Quisiera conocer los pensamientos de Dios,

lo demás son sólo detalles.

Albert Einstein

Jesús es el único modelo perfecto a seguir en el desarrollo de tu vida. En Él puedes ver la manifestación del deseo de Dios para cada uno de sus hijos; Él es el Hijo perfecto, rey de reyes, señor de señores. Imitar a Cristo, resulta entonces en seres humanos maduros, sabios, disciplinados y perfectos; enteramente preparados para toda buena obra.

Toda la creación de Dios obedece a un diseño exacto y perfecto que el Creador especificó. Es nuestra responsabilidad el buscar comprender y respetar tal diseño; todo aquello que está fuera de lo establecido por el diseño de Dios, debe ser restaurado a ese orden.

Debido a que la obra de Dios opera fundamentalmente en forma individual, es preciso establecer que todo proyecto que tu realices, deba enfocarse a tu desarrollo integral y el desarrollo armónico de tu familia y tu comunidad. El éxito se mide exclusivamente en el testimonio que estés dando en la vida. De allí que, todo programa en tu vida obedecerá a las leyes de la siembra y la cosecha: Sembrar verdad, cosechar justicia.

El objetivo de Dios es que seamos sus hijos dichosos, felices; y tenemos la responsabilidad de facilitar el que cada uno de sus hijos sea un verdadero representante de Dios en su círculo social; esto implica no sólo tener información y acatar lo que Dios dice, también debes proveerte de espacios, para que se desarrolle lo que Dios dice; si Dios dice que eres un embajador, debes proveerte de una embajada para que tal representación sea realidad. La visión de Dios es de naturaleza comunitaria y debe ser nuestra regla. Lo que somos en Dios debe manifestarse directamente en la comunidad en la forma de buenas obras. Somos la solución que Dios ha dado a los problemas y necesidades sociales de nuestras comunidades.

La jurisdicción de Dios está por sobre toda jurisdicción humana; Dios es el rey de toda la tierra y ésta es de Él. Nuestra participación entonces se basa en este precepto de verdad y se hace en obediencia a toda la instrucción de la Palabra de Dios, la cual establece el respeto y obediencia a las leyes constitucionales del país y de la entidad, dentro del marco de justicia divina.

Es importante que lo anteriormente anotado se lea y se relea hasta comprenderlo completamente. De aquí el éxito de la encomienda que tenemos como hijos de Dios.

 

Busca siempre la armonía con Dios  

Bendice, alma mía,al Señor, y bendiga todo su ser su santo nombre.  Bendice, alma mía, al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios.  Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y de misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo de que te rejuvenezcas como el águila.

Salmo 103

El ser humano está en permanente búsqueda. Buscamos algo que nos dé sensación de paz, la eternidad del momento. Aunque no sepamos definirlo, nos dirigimos incesantemente al encuentro de la armonía. Procura armonizarte con Dios, con todo y todos los que te rodean, con el ritmo del tiempo y contigo mismo, entonces el estrés desaparecerá de tu vida y la liberación dará su recompensa. La armonía es la esencia de la existencia.

Todos formamos parte de Dios. Todo lo que pensamos, decimos o hacemos contribuye de forma positiva o negativa a la armonía que tenemos con el universo. Si experimentas tu existencia a través del miedo y la falta de armonía, tu contribución será negativa para la frecuencia vibratoria del universo. Pero si vives en armonía y respetas tus relaciones con los demás, si te empeñas en pensar globalmente y actuar localmente con la misma coherencia, estás contribuyendo al éxito universal. El éxito universal y tu éxito personal siempre van de la mano porque son interdependientes. En días pasados escuché en la televisión que cada hombre es como una célula en la naturaleza y que si el hombre enfermaba, la naturaleza enfermaba también. Uno es consecuencia de otro.

Todas las mañanas realizo un recorrido de 25 kilómetros a mi centro de trabajo, el mayor disfrute lo encuentro en contemplar la obra de Dios durante los veinte minutos del trayecto, cuando las luces se entrelazan entre las nubes y estallan en mil colores entonces pienso que es momento adecuado para hacer oración. Si estos espectáculos se dieran cada cien años, estaría el mundo entero pendiente de tal acontecimiento. Pero el hecho que suceda a diario, el hecho que sea tan común, llega a ser tan cotidiano que no le hacemos el menor caso y perdemos la oportunidad de armonizarnos con la obra de Dios. ¿Desde cuándo viste por última vez a las estrellas? ¿Cuándo fue el último día que te sentaste a contemplar gustoso un atardecer? ¿Cuál fue el último día que te abandonaste a Dios?

Una reflexión que nos invita al abandono hacia nuestro Dador de la Vida, está en el Salmo 23 que dice:

“El Señor es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor a su nombre. Aunque ande por un valle de sombras de muerte, no temeré mal alguno, porque tu estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores. Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida; y en casa del Señor moraré por largos días.”

Busca el momento que más te guste para hacer oración y armonizarte con Dios. Pero, ten mucho cuidado, porque no puedes decir Padre nuestro; si no ves a todos los hombres como tus hermanos; si los desprecias o simplemente los ignoras. No puedes decir que estás en el cielo; si tu visión no ve mas allá de tus propias narices y lo que más te preocupa son tus bienes materiales en la tierra. No puedes decir santificado sea tu nombre; si lo que tu realizas a cada momento es jurar el nombre de Dios en vano y no consideras su santidad porque en tu vida está la imagen de un Cristo falso. No puedes decir hágase tu voluntad, si existe un discernimiento entre tu voluntad y la voluntad de Dios y lo que te importa es lo que tu deseas, más de lo que Dios tiene preparado para ti. No puedes decir danos hoy nuestro pan de cada día; si no compartes el pan con los necesitados; si no dedicas tiempo a tu familia, padres y  amigos; si no compartes el pan de la palabra con ellos. No puedes decir Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden; si tu vida está encadenada al laberinto culpa/resentimiento y estás viviendo una permanente ofensa a la justicia y a la caridad. No puedes decir no me dejes caer en tentación y líbranos del mal; si caes a cada rato consciente de que lo que haces te hace daño; si intencionalmente entras a la vorágine de la maldad y de la injusticia y cierras los ojos para no extender la mano a los olvidados y perdidos. Si huyes de tus responsabilidades como hombre o como mujer en la construcción de un mundo mejor. No puedes decir amén; porque mientes si no aceptas todo esto (Razo, 1997).

 

Medita constantemente  

No tengo ninguna revelación en especial de la voluntad de Dios… Él se revela a Sí mismo a todo ser humano diariamente, pero nosotros cerramos nuestros oídos a su aún pequeña voz.

 Mahatma Gandhi

Muchos consideran a la meditación solamente como una práctica espiritual o como una cuestión religiosa. Y en ocasiones nos topamos con que algunas sectas están completamente en desacuerdo con ella y manifiestan que es una práctica inadecuada de origen oriental o bien es una corriente de la new age, la mayoría opina más por desconocimiento, que por razonamiento de lo que realmente es.

Sin embargo la meditación nos sirve para muchas cosas. Para entrenar a la mente a enfocarse en forma efectiva y clara, para el relajamiento del cuerpo y la mente y también para conectarnos con nosotros mismos.

 

Pero lo fundamental de la meditación es el que entres en contacto con Dios. Recuerda que cuando oras, le estas hablando a Dios. Cuando meditas, le permites a Dios que te hable. ¿Cómo es esto?  Dicen los expertos que tenemos alrededor de 60,000 (sesenta mil) pensamientos al día. ¿Si esto es así, cómo entonces estando ocupada nuestra mente todo el tiempo, podemos escuchar esa aún pequeña voz en nuestro interior?

Debemos darnos al menos quince minutos al día para relajarnos completamente, acallar nuestros pensamientos, aquietar la mente y entrar en contacto con Dios (los místicos le llaman meditación contemplativa). Al meditar, podremos encontrar las respuestas a las dudas que nos agobian, la solución a grandes problemas, paz y serenidad. Se pueden mejorar con la meditación la confianza en uno mismo, la memoria y reducir el estrés. Podemos lograr una mejora en nuestra calidad de vida con la práctica cotidiana de la meditación.

Numerosos estudios han demostrado fehacientemente que cuando meditamos se estimula nuestro sistema límbico, nivelando la producción de sustancias conocidas como hormonas del estrés. La relajación empieza por el cerebro y nuestro sistema endocrino responde a la meditación, favoreciendo el estado de los huesos, músculos y órganos internos y también equilibrando el ritmo cardiaco y el ritmo respiratorio.

También al meditar se estimula nuestro sistema inmunológico, reforzando nuestra protección contra las enfermedades. Además de la práctica de la meditación en forma relajada podemos realizar actividades y meditar al mismo tiempo por ejemplo la meditación con movimiento como el Tai Chi, o bien al estar desempeñando nuestro trabajo, ejercitándonos o simplemente caminando.

Lo que tenemos que hacer es concentrarnos precisamente en esa actividad, sin dejar que nuestra mente divague. Si acaso llega algún pensamiento no relacionado con lo que estamos haciendo, sin esfuerzo, dejemos que ese pensamiento se aleje. Poco a poco aprenderemos a enfocar nuestra mente en forma efectiva y clara en lo que estamos haciendo. Así, obtenemos los beneficios de la meditación y al concentrarnos, hacemos mejor lo que estemos haciendo, con más calidad. Estaremos viviendo y disfrutando del momento presente, el aquí y el ahora.

 

Mr,B