Apártate de las adicciones

La filosofía de mi vida siempre

ha sido que las dificultades se esfuman

cuando se les hace frente con valentía.

Isaac Asimov

El niño herido que subyace en nosotros es causa importante de una conducta adictiva. Si advertimos que nuestro niño herido está detrás de la conducta compulsiva/adictiva, podemos analizar la adicción en un contexto mucho más amplio. Una adicción tiene una relación patológica con cualquier forma de alteración del humor que tenga consecuencias perjudiciales para la vida. Las adicciones a todo lo que se pueda ingerir son las que más dramáticamente alteran el humor. El alcohol, las drogas y los alimentos tienen un inherente potencial que provoca a la alteración del humor. Pero existen diferentes maneras en que los sentimientos pueden ser trastornados.

Las conductas adictivas incluyen el trabajo, ir de compras, el juego, el sexo y los rituales religiosos. De hecho, cualquier actividad puede utilizarse para alterar los sentimientos porque distraen. Las actividades cognoscitivas son una manera poderosa de evitar los sentimientos. Todas las adicciones tienen un componente racional que se llama obsesión. Los sentimientos mismos pueden ser adictivos. Puedes ser adictivo a la ira. La ira disfraza el dolor y la vergüenza. Cuando haces corajes, te sientes fuerte y poderoso; más que vulnerable e impotente. 

Probablemente conoces a alguien adicto al miedo. Los adictos al miedo tienden a imaginar catástrofes y desastres por todas partes. Siempre están preocupados y vuelven locas a otras personas.

Algunos son adictos a la tristeza y/o a las penas. Parecen no sentirse tristes; son tristes. Para un adicto a la tristeza, ésta se convierte en su propia forma de ser. Las personas que más me preocupan, son los adictos a la alegría, me refiero a los niños buenos obligados a sonreír constantemente y estar alegres. Es como si la sonrisa se hubiera congelado en su rostro. Los adictos a la alegría nunca ven nada mal. Sonríen mientras cuentan que su madre falleció. ¡Son una paradoja!

Los objetos también pueden crear adicciones. El dinero es lo más común. Sin embargo, cualquier objeto puede convertirse en una preocupación y, por lo tanto, es una fuente de alteración del humor. En el fondo de la mayoría de las adicciones, no importa qué factores genéticos intervengan, se encuentra el niño herido de la infancia, quien constantemente anhela la satisfacción de sus necesidades. No se requiere estar mucho tiempo junto a un adicto para observar esa conducta de él.

Las adicciones que más han mermado a los seres humanos, son al alcohol y a las drogas. Séneca, el filósofo romano contemporáneo de Jesucristo, dijo: La embriaguez es, sencillamente, una locura voluntaria. Casi dos mil años después, Bertrand Russell añadió: La embriaguez es un suicidio temporal… la alegría que trae es meramente negativa, un cese momentáneo de la infelicidad. El abuso del alcohol y las drogas se han convertido en una tragedia nacional, pero para mí es un síntoma de un malestar más grande aún, no obstante, hay una puerta abierta a este tipo de adicción y a otras similares. Sin embargo, las creencias de tu círculo social pueden influir negativamente en tu restauración. Con frecuencia se menciona que de las garras de las drogas y del alcohol nadie logra escapar, y yo te aseguro lo contrario. Víctor fue expulsado de la preparatoria por portar drogas dentro de las instalaciones, pero eso no era lo más grave, lo verdaderamente preocupante fue que para mantenerse “alegre” recurría a “desafíos” que gradualmente fueron creando una psicosis social que lo obligó a abandonar el lugar donde él vivía junto con su familia. Al llegar a la Universidad, aparentemente estaba tranquilo, pero no. Guardaba en su corazón culpa y resentimiento que lo hacían sentirse infeliz. Cuando Víctor entendió que aceptándose, reconociéndose, amándose y apoyándose lo llevaría hacia la felicidad, entonces tomó la decisión de ser un hombre nuevo y actualmente está entusiasmado por su desarrollo personal. En estos días visitó su lugar de origen y se sorprendió que la gente que lo rechazaba, ahora está sorprendida de la decisión que tomó Victor: De ser cada día mejor y consecuentemente es aceptado por ellos.

Nos servimos de la bebida para escapar de la depresión, sin embargo, lo que necesitamos es encontrar el modo de enfrentarnos a ella, utilizando pensamientos positivos con valor y creatividad. Durante las últimas décadas, las drogas recetadas han sido empleadas para controlar los síntomas de la depresión; al ser prescritas por respetables médicos psiquiatras pueden ser de uso seguro y de ayuda en el tratamiento de la ansiedad; por el rápido aumento de la popularidad de estas drogas, están siendo consumidas sin prescripción médica. Para escapar de la depresión, la gente está tomando tranquilizantes, excitantes y antidepresivos como si fueran galletas.

Lo peligroso de los tranquilizantes, es que cualquier paz mental que proporcionen, es una paz mental artificial. Cuando compramos una pastilla para conseguir paz, nos confiamos en soluciones baratas, en lugar de soluciones profundas. Otra forma económica, pero equivocada para escapar de la depresión, es la adicción a la televisión; el mundo se está volviendo adicto a la tele, la está usando  irresponsablemente como un medio de evasión de la realidad y sus efectos que en él tiene, son por demás delicados porque contamina a los seres humanos con una serie de información dañina que se siembra en su mente, en la mayor parte de las veces de manera definitiva.

Sin embrago, lo que pasa por ahí no es tan importante como lo que ocurre en tu vida y en la mía ¿Cómo manejas tus propios errores y la depresión que seguramente sigue a eso?

 Aléjate de las depresiones

Un corazón valiente siempre superará todas las dificultades.

Anónimo

La realidad no se equipara con nuestros sueños y, en consecuencia, nos desesperamos. Entonces, para hacer frente a nuestra depresión, comenzamos a pensar y actuar destructivamente. Como resultado, nuestra vida cae en espiral, hasta que parece no haber manera de que logremos levantarnos de nuevo. Hay una tremenda tentación de sufrir en silencio. Nuestro orgullo no nos deja admitir la verdad. No queremos que la gente sepa que fracasamos. En el Oriente, por ejemplo, no perder cara lo es todo. Los británicos dicen: Mantén firme el labio superior. Es un mito machista mexicano eso de que los hombres no lloran. Yo no conozco a nadie a quien le agrade verse en conflictos.

Es más fácil, cuando menos al principio, pretender que todo está muy bien. Nuestra desgracia se convierte en un terrible secreto. Construimos murallas a nuestro alrededor y nos alejamos de aquellos que pudieran simpatizar con nosotros o incluso ayudarnos. Como un animal enfermo, nos escurrimos por ahí y esperamos sanar.

¿Eres tu así? Cuando tus sueños están amenazados y andas perdido en una niebla de desesperación, ¿te vuelves silencioso y te apartas de todos? ¿Te quedas rondando por ahí, sonriendo valientemente, pretendiendo que nada está mal cuando en realidad el mundo entero se está colapsando sobre tu cabeza? ¿Qué pasa cuando tus sueños se mueren y la depresión se adueña de ti? Algunas personas responden al ciclo de fracaso y depresión en formas francamente predecibles. Al principio, están tentadas a negar lo ocurrido o ignorarlo. Entonces tratan de echarle la culpa o de culpar a otros. Invariablemente intentan eludirlo. Algunas se quedan inmovilizadas por la depresión. Otras hacen cosas desesperadas y destructivas para ponerle fin. Otras más siguen viviendo por siempre en la desesperación. Finalmente, otras simplemente se sientan y se mueren, pero no tienen que hacerlo.

¿Te suena familiar todo esto? No podemos ayudarnos a nosotros mismos mientras simulamos estar bien. Y nadie puede ayudarnos cuando no admitimos que tenemos esa necesidad. Es particularmente triste que en nuestra sociedad (donde el amor debería prevalecer), tanta gente ponga una cara celestial, cuando en realidad vive en un infierno. La depresión no puede ser tratada mientras la neguemos o ignoremos. El principio del fin de esa lucha es admitir que se está luchando, primero para uno mismo y, luego, poco a poco, por aquellas personas a las que se les tenga confianza para que caminen con uno por el camino de la recuperación.

Yo sé que nuestras vidas pasan por momentos de grandes tragedias y de terrible sufrimiento. No creo en eso de poner buena cara, cuando es tiempo de luto. Negar nuestra depresión, enmascararla o tratar de escapar de ella para siempre, lleva a la desgracia. Existen ciertos sueños que, si mueren, no pueden volverse a soñar. Cuando mueren, lo único que podemos hacer es llorar y esperar a que se acaben las lágrimas; hasta que de alguna forma, Dios nos dé el valor de volver a soñar otra vez.

Pero no debemos entregarnos a la pena o dejar que nuestros fracasos y decepciones nos conviertan en víctimas. El pesimismo es una enfermedad peligrosa que puede sofocar o matar nuestro potencial humano. Debemos transmitir esperanzas, nunca desesperación. Compartamos nuestras alegrías, no nuestras tristezas. Yo creo que es bueno contar una y otra vez las obras de Dios en hombres y mujeres que conozco, que se levantaron de una profunda depresión, para amar y soñar nuevamente. Si nuestros sueños no se realizan, si la depresión obstruye nuestros pasos, debemos recordar que siempre hay esperanza. 

Qué desperdicio es emborracharnos hasta matarnos durante la negra noche de la depresión, cuando la salida del sol puede estar a punto de ocurrir. Espero que mis próximas palabras no suenen a un optimismo demasiado exagerado, porque en el curso de mi vida he aprendido que efectivamente hay una lucecita al final de casi todos los túneles, como insinúa en uno de sus poemas Carlos Pellicer. Los arco iris, en realidad, salen después de casi todas las tormentas. Las lágrimas probablemente se conviertan en risa. El luto algún día sucumbirá ante la alegría. Hasta ahora, a mis cuarenta y seis años de vivir en este planeta, después de una noche larga y negra, he visto salir el sol para calentar de nuevo mi vida.

Después de la crucifixión, viene la resurrección. Después de la muerte, viene la vida.  Después de la desesperanza, viene la esperanza. La depresión nos engaña cuando pensamos que nunca se terminará. En realidad, el final de su depresión bien puede estar a la vuelta de la esquina. De ningún modo estoy minimizando la depresión y el terror que ésta conlleva. Tengo gran simpatía por la gente que sufre desesperanza y privaciones a través de sus pesadillas privadas. Los familiares o amigos preocupados pueden ser como enviados de Dios durante el camino. Pero si sucumbimos a la depresión, si nos suicidamos o nos conformamos con una miserable muerte en vida, perderemos la oportunidad que la depresión nos brinda.

En nuestros tiempos de sufrimiento, Dios nos prepara para ayudar a otros que encontraremos por el camino. Cuando nuestros sueños mueren, Dios nos da la fuerza para estar ahí ayudando a nuestros hermanos y hermanas cuando ellos pierdan sus sueños. Estos tiempos son duros. Nuestros sueños se hallan amenazados por fuerzas que están más allá de nuestro control. A veces perdemos la batalla, pero juntos ganaremos la guerra, con ayuda de los demás aprenderemos a soñar de nuevo, y entonces, algún día, cuando menos lo esperemos, nos sorprenderá ver esos sueños hechos realidad.

 

Mr.B