El mundo laboral ha cambiado mucho. Las reglas de juego de ayer no sirven para conseguir trabajo ni para mantenerlo. En las escuelas y universidades siguen enseñando de todo un poco, menos lo más importante para ser laboralmente competitivo: saber atender a la gente y saber vender. No importa qué actividad haya usted estudiado. Si no sabe atender bien a los potenciales o actuales clientes, y si no sabe vender productos o servicios, hoy está fuera de juego o a punto de estarlo. Prueba de ello es la enorme cantidad de doctores, licenciados e ingenieros en toda

 

Sudamérica, que por sus sólidos conocimientos están calificados para desempeñar un empleo determinado, pero a la hora de tener que generar lucro en forma directa para su organización ( porque para eso se crea una empresa: ganar dinero ), hacen agua. No contar en su haber con estas dos habilidades se convierte en la causa número uno para perder el empleo, algo que actualmente cuesta tanto conseguir.

 

¿Pero dónde están las raíces del problema? Casualmente, diseminadas por varios lados. Me explico. La mejor universidad del mundo donde aprender "atención al cliente" es la casa de uno, su familia y las sanas relaciones que se generan en ella. La persona que de pequeña no aprendió el poder que genera saber decir "gracias", "por favor", "le escucho", "usted primero", el día de mañana es un patán en su trabajo. Póngale la firma. Y como dice el refrán: "Árbol viejo no endereza". Pero también es cierto que un adulto puede entender que le conviene saber tratar bien a la gente por una cuestión de supervivencia laboral, aunque después regrese a su hogar y se aplace en relaciones humanas.

 

Saber vender es otra historia. Y para alegría de muchos quiero desmitificar un tema: El vendedor no nace, se hace. Se puede aprender a vender si uno tiene claro algunas cosas. Por ejemplo, que hoy los clientes no vienen a uno, hay que salir a buscarlos. Que el mejor escritorio de un vendedor es el escritorio del cliente. Que sin clientes no hay dinero, y sin dinero no hay sueldos ni comisiones.

 

Que las empresas más exitosas del mundo no llegaron a la cima por lo que fabrican sino por lo que venden. Que ser vendedor o promotor es un orgullo, jamás una vergüenza. Ellos son los que hacen mover la rueda del progreso en este competitivo y complicado mundo. Prefiero a mi lado un ejército de vendedores a un séquito de gerentes. Los empresarios están buscando gente que quiera trabajar más en la calle – el verdadero campo de batalla – y han comenzado a dejar al costado del camino a quienes optan por un escritorio como campo preferido de acción.

 

Por eso, si usted quiere dejar de vivir en la incertidumbre, si desea que en el mercado laboral su cabeza valga más que otra, tome la firme decisión de capacitarse en atención al cliente y ventas. No importa su edad ni sexo, sino sus ganas de aprender las dos habilidades que hacen sonar la caja registradora de una empresa y nuestras propias billeteras.

 

 

MR. B