Aun cuando todos los padres desean que sus hijos tengan una gran auto-estima, muchas veces ellos mismos, sin darse cuenta, son los encargados de bajársela de manera inconsciente e ingenua. He aquí algunos ejemplos de esto:

1. Decirles que son malos. Los niños que creen que son malos sólo cuando se han comportado mal, empiezan a convencerse de que su valor como personas se basa en esos juicios. Un niño que derrame la leche en la mesa, y a quien le digan: ´Eres un niño malo; esta semana es la cuarta vez que cometes una torpeza´, en seguida interiorizará esta afirmación: ´Cuando soy torpe, soy una mala persona´.

2. Sorprender constantemente a los niños haciendo algo mal. Esta forma de asumir el papel de padre se basa en buscar las cosas que los niños hacen mal y recordarles todo el tiempo ese comportamiento. Reforzar constantemente los comportamientos negativos es una manera segura de construir una pobre autoestima.

3. Dar a los chiquillos apodos que contribuyan a deteriorar su sentido de la dignidad. Llamar a un niño Enano, Orejudo, Gordito, o nombrarlo de cualquier otro modo que no tienda a promover una imagen positiva de sí mismo, es una manera de disminuir la propia estima. Las connotaciones negativas de los apodos o de la manera en que te diriges a tus hijos llegan a incorporarse a su autorretrato. Las palabras, las frases y los apodos negativos son recuerdos duraderos que difícilmente borramos de nuestra imagen de nosotros mismos.

4. Considerar a los niños como "aprendices de persona" y no como seres humanos completos. Esta actitud se caracteriza por tratar a los niños como si siempre estuvieran preparándose para la vida; diciéndoles que algún día sabrán por qué esperas de ellos lo qué les estás pidiendo. "Cuando crezcas, comprenderás por qué siempre estoy reprochándote." "Algún día, apreciarás lo que te estoy diciendo." "Eres demasiado pequeño para saber por qué; simplemente, hazlo porque te lo digo yo." Este tipo de mensaje hace que el niño piense que le falta algo, que está incompleto, y por lo tanto, sólo parcialmente se verá a sí mismo como una persona.

5. Criticar a tus hijos cuando cometen errores. Las críticas contribuyen a reducir la propia valoración. Cuantas más críticas reciba un niño, más probable es que evite probar las cosas que dieron lugar a esas críticas. Frases tales como ´Nunca has sido muy bueno en atletismo´, o ´Es la tercera vez que fallas en la práctica; sospecho que nunca aprenderás a ser responsable´, o ´Ese vestido te hace ver gorda´, o ´Tu estás siempre refunfuñando´ son las herramientas que los niños usan para tallarse una pobre imagen de sí mismos. Hay muchas maneras de ayudar a motivar a un niño para que tenga un comportamiento más adecuado, y las críticas son tal vez la técnica menos útil y la más dañina que puedes encontrar.

6. Hablar por tu hijo, en vez de dejarlo responder de la manera típica en que lo haría alguien de su edad. Hablar en lugar de tus hijos como si ellos fuesen incapaces de expresarse, contribuye a que duden de sí mismos y a que se sientan inseguros. También les enseña a confiar en que los demás hablen por ellos. Cuando actúas así, les transmites este mensaje silencioso: ´Yo puedo decirlo mejor y con más precisión que tú, porque eres demasiado joven para saber cómo expresarte.

7. Hablar de tus hijos delante de ellos como si no estuvieran presentes. Este comportamiento les induce a considerarse como personas sin importancia o, peor todavía, como una parte más del mobiliario. ´No sé lo que vamos a hacer con Carlitos; cada día se porta peor.´ Mientras tanto, Carlitos está recibiendo un mensaje de sus padres, que él interioriza de la siguiente manera: ´No puedo creerlo, hablar de mí con los demás como si yo ni siquiera estuviese presente ni contase para nada´. Cuanta menos consideración tengas por tu hijo como ser humano total, importante y sensible, menos consideración tendrá él por sí mismo.

Estas actitudes que muchos padres asumen, muchas veces sin darse cuenta, contribuyen a que los hijos se formen una pobre autoestima y no aprendan a valorarse como personas. La buena noticia es que si cambiamos estas actitudes hacia nuestros hijos su autoestima comenzará a mejorar de manera inmediata.