Para nadie es un secreto que la guerra contra el narcotráfico es un tremendo fracaso porque los países ricos hasta ahora no han tomado responsabilidad y conciencia de los graves problemas que aquejan a la humanidad. Aquellos que no lo crean así simplemente fíjesen en México, Centroamérica y en la república Dominicana como lo declaro el presidente Rafael Fernández esta noche con respecto a la corrupción de poderes en su país.

Como lo he mencionado en muchos de mis escritos al respecto, este un mal sufrido a nivel mundial donde solo unos pocos gozan de la abundancia y los beneficios financieros que produce el ilícito, mientras los demás sufren las negativas y cáncer social consecuente donde más de la mitad de la población mundial vive en pobreza absoluta. Este mal y problemática social mundial humana se debe combatir a todo nivel, empezando por una limpieza social de cambios con soluciones y alternativas positivas en las cúpulas corruptas mundiales.

Muchos creen que la guerra antidroga fue inventada para suprimir tendencias democráticas en Estados Unidos y empleada para justificar las intervenciones y control de amenazas al poder en el extranjero donde los objetivos de esa guerra siempre han tenido otros propósitos muy distintos a los que generalmente se pronuncian, pero la óptica sobre el tema continúa siendo la misma: La guerra contra la droga, que desgarra a Latinoamérica, y en especial a México en estos momentos tan difíciles, donde la guerra antidrogas ha devorado millones de dólares y miles de muertos en un esfuerzo inútil por detener el consumo; todo esto tiene su historia y viejos antecedentes. Miles de personas en México se lanzaron a las calles a exigir un alto y fin a la violencia provocada por la guerra contra las drogas.

En la época de los 60 la guerra en Vietnam fue el factor que llevo a USA a una importante revolución cultural que ayudo a civilizar al país, los derechos de igualdad de la mujer, derechos civiles, en otras palabras lo democratizo, lo cual asusto y lleno de pánico a las argollas y élites de la nación porque lo menos que querían era una democracia y población con derechos; por ese motivo fue que se creó la gran campaña controversial de contraofensiva (“La Guerra de Vietnam y la Guerra contra las Drogas”) fue un esfuerzo por superar los efectos de la guerra de Vietnam en Estados Unidos.

“La campaña fue diseñada por el gobierno para que los medios de comunicación la difundieran en forma que se trasladara la concepción de la guerra de Vietnam, de lo que Estados Unidos le estaba haciendo a los vietnamitas, a lo que ellos le estaban haciendo a USA con la droga. El gran tema a finales de los 60 en los medios, incluso los liberales, fue que la guerra de Vietnam fue una guerra contra Estados Unidos”.

Como toda excelente campaña de planificación, difusión y miedo, los objetivos de la misma no eran lo que el público pensaba o llego a creer en aquel momento; ósea, en otras palabras como buenos políticos usaron sus artimañas para hacer creer a los Norte Americanos que los vietnamitas estaban destruyendo a USA con las drogas.

Toda esta atención creó un mito fabricado por los medios como si fuese una película de acción de Hollywood donde el ejército era formado por soldados drogadictos, alcohólicos que al regresar a casa se convertirían en delincuentes y aterrorizarían a nuestra sociedad. Claro está que los militares han usado droga, pero la diferencia no era mucha  si se comparaba con los diferentes sectores de nuestras comunidades; pero en fin de eso se trataba la guerra contra las drogas y la fabricación del mito que cambió la concepción de la guerra de Vietnam a una en la cual los norteamericanos eran las víctimas.

El cambio de concepción cayo como anillo al dedo a las campañas en favor de la ley y el orden porque se dijo que nuestras ciudades se desgarraban por el movimiento antibélico y los rebeldes culturales acusando a los comunistas de promover el consumo de drogas, y que por ese motivo se tenía que imponer la ley y el orden; entonces, ahí cabía la guerra contra la droga.

“En los 80… la tasa de encarcelamiento se incrementó de manera significativa por arrestos masivos a negros donde el número de prisioneros per cápita es el más alto en el mundo ahora; ósea, pareciera ser un control sobre parte de la población…, “es un asunto de clase”.

La guerra contra las drogas, como otras políticas, promovidas tanto por liberales como por conservadores, es un intento por controlar la democratización de fuerzas sociales, es, ha sido y sigue siendo una guerra ilógica, una demencia inútil e insana que ha dado solo sentido y ganancia a las agencias y narcos que viven de promoverla, a expensas del gran sufrimiento de sus víctimas, algo inmoral, poco humano y nada ético.

La guerra antidrogas de USA llega al marco internacional con intenciones de intervenir y controlar las políticas de ciertas naciones en el mundo, incluyendo Latinoamérica, “el pretexto es la ‘guerra contra las drogas’, pero es difícil tomar eso muy en serio, aun si aceptáramos la extraordinaria suposición de que Estados Unidos tiene derecho a encabezar una ‘guerra’ en tierras extranjeras como ya lo ha hecho en otras ocasiones.

“Hay estudios llevados a cabo por el gobierno estadunidense, y otras investigaciones, que han mostrado que la forma más efectiva y menos costosa de controlar el uso de drogas es la prevención, el tratamiento y la educación”.  Como lo he mencionado antes, porque no invertir los dineros de las drogas incautados a los narcos para el mejoramiento de la salud y la rehabilitación de aquellos afectados, entrenamiento y vigilancia activa de las fuerzas públicas y su capacitación, centros educativos de apoyo a personas y sus familiares, en estos puntos y muchos más si se puede mejorar y cambiar la sociedad actual por un bien común mundial donde todos nos beneficiamos.

También se han mostrado además que los métodos más costosos y menos eficaces son las operaciones fuera del propio país, tales como las fumigaciones y la persecución violenta. El hecho de que se privilegien consistentemente los métodos menos eficaces y más costosos sobre los mejores es suficiente para mostrarnos que no son los que se anuncian;los objetivos de la porque el dinero, los esfuerzos y los recursos están siendo invertidos y utilizados de forma errónea.

En una sociedad democrática y libre, quizás la mejor forma de combatir este cáncer y mal social de las drogas sea la despenalización y crear mecanismos efectivos de control, como se hizo con el licor y el tabaco, lo cual haría que ese gran mercado disminuya.

“Para poder determinar objetivos reales, quizás se pueda adoptar el principio jurídico de que las consecuencias previsibles constituyen prueba de la intención. Y las consecuencias no son oscuras: subyace en los programas una contrainsurgencia en el extranjero y una forma de ‘limpieza social’ en lo interno, enviando enormes números de personas ’superfluas’, casi todas hombres negros, a las penitenciarías, fenómeno que condujo ya a la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, por mucho, desde que se iniciaron los programas, hace 40 años”.

Sería imposible pensar que Estados Unidos aceptaría cualquier intromisión de otro país u organización internacional para controlar el consumo y producción de estupefacientes en su propio territorio. La guerra antidrogas ha sido un fracaso y error histórico que es necesario enmendar, pero no dejemos que nos metan gato por liebre y nos pongan frentes falsos que distraigan nuestro enfoque de lo real y nuestra realidad.

Tenemos que poner los pies en la tierra y dejar de vivir en la burbuja que vivimos llenos de espejismos y mentiras. La mejor manera de arreglar los errores es admitiéndolos, confrontarlos, y buscar cómo resolverlos de la mejor forma posible; y no dejar que se pretenda limitar nuestras LIBERTADES con la máscara e invento fallido de una guerra antinarcotráfico inhumana, sin sentido, falsa e injusta.

El hecho de que la justificación para los programas antinarcóticos en el extranjero es aceptada como plausible, hasta considerado como algo que vale la pena discutir, es otra ilustración de las profundas raíces de la mentalidad imperial en la cultura occidental.

Pero no dejo de pensar y recalcar que la despenalización y quizás una solución sea abolir las leyes antidrogas, crear mecanismos nuevos de control más efectivos y adjudicar los dineros incautados a los narcos en favor de recursos humanos, salud, educación, capacitación y invertirlos en ayudar a mejorar y resolver la pobreza, el desempleo, protección ambiental y otros asuntos tan graves mencionados que vive y sufre la sociedad mundial y nuestra nación hoy día. JB211

Para Ticovision,

John F. Bisner Ureña.

Un cuerpo sin drogas es un alma viva..!!!

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